Pekín Express: el regreso de un formato que marcó época

Han pasado ocho años desde la última edición de Pekín Express, pero su historia en televisión se remonta mucho más atrás. El programa se estrenó en España en 2008, presentado por Paula Vázquez, y rápidamente se convirtió en algo distinto a todo lo que habíamos visto hasta entonces.

Después llegarían las etapas de Raquel Sánchez Silva y Jesús Vázquez, siempre en Cuatro. Tras un parón de cuatro años, el formato regresó en 2015 ya en Antena 3, con Cristina Pedroche, y un año después saltó a LaSexta.
Ahora, tras otro largo silencio, Pekín Express vuelve, esta vez a HBO Max, con Miguel Ángel Muñoz como presentador.


Sensaciones: cuando la aventura era algo nuevo

Recuerdo con mucho cariño aquel Pekín Express de 2008. Fue una novedad absoluta: un reality que apostaba por la aventura real, el choque cultural y el viaje como experiencia, no como decorado. No era solo entretenimiento, era descubrimiento.

Las pruebas eran duras, los desplazamientos reales y la sensación de estar viendo algo auténtico era muy fuerte. Con el paso de las ediciones, el formato se mantuvo, pero la frescura se fue diluyendo. No recuerdo exactamente cuándo dejé de verlo, pero sí recuerdo la sensación: el desgaste era evidente.


Pekín Express en HBO Max: un cambio arriesgado

El salto de la televisión en abierto a una plataforma de pago es, como mínimo, valientePekín Express siempre fue un formato de gran alcance popular, y ahora pasa a jugar en una liga mucho más reducida.

Es evidente que el impacto no será el mismo. HBO Max tiene una base de usuarios limitada en comparación con una cadena generalista, y eso se notará en conversación social y seguimiento. Aun así, este movimiento también sirve como termómetro real del interés actual por el formato, sin el arrastre automático de la audiencia tradicional.


¿Lo veré?

Aquí entra el factor personal.
Hace años que dejé atrás mi etapa de consumir realities, pero he empezado a ver esta edición por un motivo muy concreto: mis hijos.

Pekín Express sigue teniendo algo que pocos programas ofrecen: muestra otras culturas, otras formas de vivir y otros países de una manera directa. Además, el uso constante del inglés durante el programa añade un valor casi educativo inesperado.

Lo que menos me convence es el formato semanal, heredado de la televisión tradicional. Pero siendo justos, es una tendencia que ya han adoptado casi todas las plataformas.


El presentador: ¿importa tanto?

En un formato como este, el presentador no es clave, aunque sí aporta matices. Si tuviera que elegir, mi favorita sigue siendo Raquel Sánchez Silva, probablemente la que mejor entendió el espíritu del programa.

Sobre Miguel Ángel Muñoz, es pronto para juzgar. No tiene una trayectoria amplia en este tipo de formatos, pero Pekín Express no depende tanto de quien lo conduzca como de lo que ocurre en ruta.


Un formato que no cambia (para bien y para mal)

El esquema sigue siendo el mismo, y eso tiene dos lecturas. Por un lado, es un formato sólido y reconocible. Por otro, resulta predecible. Detalles como el famoso “sobre negro” con tarjeta roja o verde siguen pareciendo poco creíbles, y el hecho de que los concursantes nunca estén realmente solos —siempre hay un cámara— resta algo de autenticidad a la narrativa.


Famosos, pero no tanto

Siempre he preferido concursos con desconocidos, porque suelen ser más naturales. Esta edición apuesta por famosos de perfil medio, una especie de punto intermedio que puede funcionar mejor que los grandes nombres.

Las parejas combinan amigos, familia y vínculos reales, con rostros conocidos pero no sobreexplotados mediáticamente. Eso puede jugar a favor del programa si se prioriza la convivencia y no el personaje.


🔹 Apunte curioso

Cada edición de Pekín Express implica más de 200 personas trabajando directamente entre equipo técnico, producción y participantes, lo que convierte su grabación en una auténtica operación logística internacional.


Conclusión

El regreso de Pekín Express plantea muchas incógnitas. El formato sigue siendo potente, pero el contexto ha cambiado radicalmente. Las redes sociales hacen más fácil que se filtre información, el formato semanal puede jugar en contra y el salto a una plataforma limita su alcance.

Aun así, sigue siendo uno de los pocos realities que aporta algo más que conflicto artificial. Por su componente cultural, por su valor familiar y por lo que representa dentro de la historia de la televisión en España, merece al menos una oportunidad.

Quizá ya no sea el fenómeno que fue.
Pero sigue siendo Pekín Express.


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