Monstruos: La historia de Lyle y Erik Menéndez: un true crime correcto que se queda lejos de lo esperado
Ya he terminado de ver Monstruos: La historia de Lyle y Erik Menéndez y mi veredicto final es claro: la apruebo, pero sin entusiasmo. Es una producción interesante, entretenida por momentos, pero muy lejos de lo que podría haber sido teniendo en cuenta el material de partida y, sobre todo, el nombre que hay detrás del proyecto.
Para quien no conozca el caso real, hablamos de uno de los crímenes más mediáticos de Estados Unidos. En agosto de 1989, los hermanos Menéndez asesinaron a tiros a sus padres en su propia casa. No es un spoiler: es un hecho público, muy conocido y ampliamente documentado desde hace décadas. La serie se centra en los hermanos y en todo lo que rodeó el caso, desde el crimen hasta el juicio y sus consecuencias.
¿Qué tal funciona Monstruos como serie?
Sinceramente, floja. Muy floja para lo que esperaba.
Entiendo que el foco esté puesto en los hermanos Menéndez, pero cuando tienes en el reparto a Javier Bardem, alguien que brilla especialmente en personajes complejos, es inevitable esperar mucho más de él. Y eso no ocurre. Bardem aparece poco y su personaje queda totalmente eclipsado por una narrativa que insiste una y otra vez en los hermanos, incluso cuando la historia pedía otros puntos de vista.
Es comprensible desde el planteamiento de la serie, pero no deja de ser una oportunidad desaprovechada.
Ryan Murphy y el listón demasiado alto
Soy seguidor del trabajo de Ryan Murphy, especialmente por lo que ha hecho en American Horror Story. Precisamente por eso, mi nivel de exigencia con sus proyectos es alto.
Monstruos está muy por debajo de la media de Murphy. Da la sensación de que intenta repetir la fórmula de Monster: The Jeffrey Dahmer Story, protagonizada por Evan Peters, pero sin entender qué hizo que aquella funcionara mejor.
Entre Dahmer y Menéndez hay una distancia enorme en tensión, enfoque y coherencia narrativa.
Un reparto desequilibrado
Uno de los grandes problemas de la serie es el reparto. Los dos actores que interpretan a los hermanos Menéndez apenas tienen experiencia. Entre ambos no suman ni una decena de trabajos relevantes, y eso se nota.
El contraste con alguien como Javier Bardem es brutal. No porque Bardem esté mal —todo lo contrario—, sino porque el desequilibrio interpretativo es evidente. Además, el tono que adopta la serie en muchos momentos, con un enfoque casi cómico y por momentos incluso cutre, resulta incómodo tratándose de una historia tan oscura. Puede que esa sensación refleje cómo se vivió mediáticamente el caso, pero como espectador no termina de funcionar.
¿Qué hay de verdad en Monstruos?
Entramos de lleno en el terreno del true crime, un género que siempre genera interés. El problema aquí es que la serie solo puede contar una versión: la de los propios hermanos.
No existe la versión de las víctimas, los padres. Todo lo que se expone sobre los supuestos abusos sexuales en la infancia procede de los propios acusados, personas que han demostrado no ser especialmente fiables. Eso no invalida su relato, pero obliga al espectador a mantener una distancia crítica constante.
Las famosas cintas del psicólogo, que fueron clave en su detención, juegan aquí un papel fundamental. Sin ellas, probablemente el caso habría tenido un desarrollo muy distinto. Y la serie, aunque lo insinúa, no termina de profundizar con la contundencia que el tema requiere.
Polémica, indignación y éxito
Nadie ha quedado del todo contento con Monstruos. Y curiosamente, eso no es necesariamente malo. Que se hable de una serie es, en sí mismo, un éxito, y Netflix sabe muy bien cómo explotar el true crime.
A diferencia de Dahmer, donde el público parecía más alineado con el resultado final, aquí la recepción es mucho más dividida. Probablemente influye que los hermanos Menéndez siguen vivos y que el caso, aunque antiguo, sigue siendo emocionalmente cercano para muchas personas.
Nunca sabremos realmente qué pasó
La serie plantea una pregunta imposible de responder:
¿fueron víctimas de abusos o utilizaron ese relato como justificación?
Nunca lo sabremos con certeza. Todo lo que tenemos es la palabra de dos personas condenadas por asesinato, con una credibilidad muy cuestionable. Y ahí es donde Monstruos se queda a medio camino: expone, pero no analiza en profundidad; sugiere, pero no se moja.
Opinión final
Monstruos: La historia de Lyle y Erik Menéndez no está mal, pero tampoco destaca. Es un producto que se deja ver, que explota el morbo inherente al caso y nuestra fascinación por lo macabro, pero que no alcanza el nivel de calidad que debería.
Siempre he defendido que los true crime deberían esperar al menos dos generaciones antes de llegar a la ficción televisiva. De lo contrario, se corre el riesgo de reabrir heridas demasiado recientes y convertir tragedias reales en simple entretenimiento.
Aquí, ese riesgo está presente. Y aunque la serie cumple, se queda lejos de ser memorable.
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