Lo mejor del siglo XXI (2009-2016) – Volumen 2

La regla sigue intacta

Continuamos el recorrido año a año por lo mejor del audiovisual del siglo XXI. La norma es clara: un título por año y categoría. Si ningún estreno sobresale de verdad, el hueco se deja vacío. Aquí no se rellena por compromiso.

Cine, series y miniseries. Sin animación ni documentales. No buscamos lo más popular, sino lo que realmente destacó.


2009 – Memoria y precisión

Película: El secreto de sus ojos. Más allá de preferencias personales, es una obra mayúscula. Thriller, drama y memoria histórica combinados con precisión quirúrgica. El mejor proyecto de Ricardo Darín y un visionado casi obligatorio.


2010 – Ambición pura

Película: Origen. Para algunos sobrevalorada. Para mí, una obra total. Christopher Nolan construye un mecanismo narrativo que no te suelta hasta el último segundo y cuyo final redefine todo lo anterior.

Serie: Sherlock. En un año repleto de títulos enormes, la versión moderna del detective con Benedict Cumberbatch fue fresca, inteligente y tremendamente adictiva. Elección personal, pero honesta.


2011 – Emoción y fenómeno global

Película: Intocable. Desde Francia llegó una historia sencilla en apariencia, pero devastadoramente efectiva gracias a la química de sus protagonistas.

Series (empate): Juego de Tronos y Shameless. La primera, ambición visual sin precedentes. La segunda, caótica y con alma. Dos productos fundamentales que comparten el año.

Miniserie: Black Mirror. Técnicamente antológica, pero su impacto cultural y su capacidad para incomodar la convierten en imprescindible.


2013 – Intensidad y exceso

Películas (doble mención): Prisioneros y El lobo de Wall Street. Dos estilos opuestos, ambas por encima de la media crítica y cultural.

Serie: Peaky Blinders. Estética, identidad y carisma. Su presencia cultural no ha dejado de crecer y sigue marcando tendencia.


2014 – Ciencia y oscuridad

Película: Interstellar. La referencia moderna del cine espacial. Todo lo que vino después se compara inevitablemente con ella.

Miniserie: True Detective (T1). Una obra de arte televisiva con Matthew McConaughey y Woody Harrelson en estado de gracia. Coincidió con Fargo, pero la superó en impacto.


2015 – El riesgo que salió bien

Serie: Better Call Saul. Vince Gilligan demostró que no vivía de rentas. Spin-off que compite sin complejos con Breaking Bad y que terminó ganando identidad propia.

Miniserie: Fargo (T2). Continuó el nivel de su primera temporada e incluso lo superó en algunos aspectos narrativos.


2016 – Corazón frente a fenómeno

Serie: This Is Us. Por encima del fenómeno comercial de Stranger Things, mi elección es emocional. Una serie que podría haber durado décadas sin perder conexión.

Miniserie: The Night Of. La gran olvidada. Sin grandes campañas ni estrellas mediáticas, pero con una calidad incuestionable.


Un cierre necesario

Entre 2009 y 2016 se consolidó definitivamente la era dorada de las miniseries. Historias cerradas, concisas y memorables que demostraron que no hace falta alargar tramas para dejar huella.

El Volumen 3 cerrará el recorrido con los años más recientes, donde la producción crece… pero no siempre la calidad.



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