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Cómo cazar a un monstruo: un documental necesario contado de forma incómodaComo cazar a un monstruo

Hoy toca analizar Cómo cazar a un monstruo, el documental de Carles Tamayo sobre Lluís Gros, condenado a 23 años de prisión por abuso de menores, entre otros delitos.

Con este artículo parto de una dificultad clara. Suelo escribir sin spoilers, intentando que quien no ha visto el contenido llegue limpio, y que quien sí lo ha visto encuentre reflexiones nuevas que no le aburran. Aquí el reto es mayor, porque hablamos de un caso real, ya juzgado, y de hechos que ya han sucedido. Aun así, teniendo en cuenta que fuera de Catalunya mucha gente no conoce ni el caso ni al protagonista, trataré el documental como siempre: sin destripar y con contexto.


Sensaciones personales encontradas

El documental me ha gustado. Dicho esto, no me ha convencido del todo cómo está contado. A nivel de montaje y exposición, hay decisiones que me sacan constantemente de la historia. Y una parte importante de eso tiene que ver con el propio Carles Tamayo.

Ya lo había visto en YouTube en alguna ocasión, pocas, pero suficientes para identificar un estilo muy concreto: caótico, nervioso, casi hiperactivo. Esa forma de documentar, de exponerse constantemente dentro del relato, a mí me genera estrés. Además, da en algunos momentos la sensación de que busca en exceso la notoriedad personal, y que ciertas situaciones están demasiado guionizadas o preparadas.

Esto no invalida el trabajo. De hecho, en un caso como el que trata, Tamayo es una pieza esencial. Sin su implicación directa, sin su cercanía y sin su perseverancia, este documental no existiría. Pero hay “cositas”, como espectador, que no terminan de convencerme.


Lluís Gros: enfermedad, manipulación y límites éticos

Desde el minuto uno queda claro que estamos ante una persona profundamente enferma. Su percepción de la realidad está alterada, su discurso es incoherente y su comportamiento resulta inquietante incluso antes de conocer los hechos por los que fue condenado.

Aquí surge una pregunta incómoda:
¿Hasta qué punto es ético que Carles Tamayo se aproveche de esa debilidad mental para documentar Cómo cazar a un monstruo?

Que quede claro: no estoy defendiendo a Lluís Gros. Los delitos que se le atribuyen y por los que fue condenado son gravísimos. Pero el documental muestra de forma constante que estamos ante alguien que no está bien mentalmente, y eso genera una tensión moral que acompaña toda la obra.

Veremos situaciones muy comprometidas, momentos en los que resulta evidente que Gros no es consciente del alcance de sus actos ni de sus palabras. Esa exposición es incómoda… y seguramente necesaria, pero no deja de generar conflicto.


Las autoridades: el gran retrato del despropósito

Si hay algo que destaca especialmente en el documental es la imagen que ofrece de las autoridades. Sin buscarlo activamente, Cómo cazar a un monstruo termina siendo también un retrato demoledor de la descoordinación absolutaentre médicos, jueces y fuerzas policiales.

Lo que se muestra roza lo absurdo. Una persona claramente enferma, con antecedentes gravísimos, moviéndose durante años por fallos burocráticos, errores de comunicación y negligencias que resultan difíciles de justificar. En algunos momentos, la situación llega a ser casi cómica… si no fuera por la gravedad del caso.


Lo más impactante del documental

A nivel personal, lo que más me ha impactado no es solo el delito, sino la impunidad cotidiana. Ver a un hombre frágil mentalmente actuar como un depredador sin que nadie parezca capaz —o dispuesto— a frenarlo.

Hay escenas que ponen los pelos de punta. Conversaciones con menores, comportamientos impropios, comentarios de humor negro absolutamente fuera de lugar y sin ninguna gracia. En especial, hay un momento concreto —un chiste contado y repetido— que, para mí, resume perfectamente quién es la persona que tenemos delante y por qué resulta tan perturbador.

No es solo lo que dice. Es que nadie lo detiene.


El éxito del documental y su sentido final

Me alegra sinceramente que el documental esté teniendo la acogida que está teniendo en Amazon Prime Video. Según se explica, Tamayo ha estado trabajando en este proyecto durante casi tres años, y sostener una investigación así durante tanto tiempo tiene que ser emocionalmente muy duro.

Más allá del éxito, el documental cumple su función. A nivel humano, ya la cumple. Y a nivel narrativo, también. Desde el inicio se plantea como una investigación personal para comprobar si las acusaciones que Lluís Gros niega son ciertas. El resultado, guste más o menos la forma, es contundente.


El Masnou: cuando el caso te toca de cerca

En mi caso, el documental gana una dimensión extra por un motivo personal. Conozco El Masnou de primera mano. Tengo familia allí, he estado muchas veces, conozco los espacios que aparecen y el cine al que se hace referencia.

Eso genera una cercanía incómoda. La sensación de que, en algún momento, podrías haberte cruzado con personas que aparecen en pantalla. Y todavía es más duro cuando Tamayo explica que convivió en su infancia con este monstruo. Ese detalle contextualiza por qué tiene acceso directo a Lluís Gros y añade una capa emocional que no se puede ignorar.


Si lo has visto (aviso)

Si no has visto Cómo cazar a un monstruosalta este bloque.

La incompetencia que se muestra por parte de las fuerzas del orden es alarmante. Órdenes de búsqueda mal emitidas, datos incompletos, sistemas que no se actualizan, avisos que tardan horas en ejecutarse. Todo ello permite que un condenado permanezca en libertad durante años por pura burocracia.

Es difícil de digerir. Y más aún pensar que, si no estuviéramos hablando de una persona mayor y mentalmente deteriorada, el desenlace podría haber sido mucho peor.


Conclusión

Cómo cazar a un monstruo es un documental que me ha gustado, pero que también me ha incomodado. Su estructura narrativa es sólida, con una introducción, nudo y desenlace muy claros. Sin embargo, la forma de trabajar de Carles Tamayo, su estilo caótico y su exposición constante dentro del relato, no terminan de convencerme.

Dicho esto, como periodista de investigación, apunta maneras. Con 29 años, tiene margen de mejora evidente. Con mejores presupuestos, un equipo más amplio y más experiencia, estoy convencido de que puede hacer trabajos muy potentes en el futuro.

Este documental es una carta de presentación excelente para alguien que llevaba años haciendo algo similar en un entorno más limitado. Ahora está en primera línea. Y seguramente, esto solo sea el principio.


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