Black Phone 2: cuando una secuela no tiene razón de existir
Hay películas malas… y luego está Black Phone 2
Existen secuelas discutibles. Y luego están las que directamente no deberían haberse rodado. Black Phone 2 entra en esta segunda categoría: innecesaria, alargada y construida sobre una idea que ya estaba cerrada en su primera entrega.
Lo que en 2021 funcionaba como thriller contenido con un ligero toque sobrenatural, aquí se convierte en un producto desdibujado que parece no tener claro qué quiere ser.
Del hype al enfado
Hay algo especialmente molesto cuando una película se vende como “el gran regreso” y luego no cumple lo prometido. El marketing juega con la nostalgia y con el recuerdo del villano icónico, pero lo que ofrece en pantalla es mucho más limitado.
La sensación es similar a esas promociones que parecen regalarlo todo y luego, en la letra pequeña, descubres que justo lo que quieres no entra. Técnicamente nadie miente. Pero el espectador sale con la sensación de haber picado.
Una historia que ya estaba cerrada
La primera película tenía un arco completo. Un asesino, un sótano, un teléfono y un final contundente. Punto final. No quedaban cabos sueltos que exigieran continuación.
La secuela se justifica únicamente por el éxito comercial de la original y por el modelo de producción de terror rentable y de bajo presupuesto. A nivel narrativo, sin embargo, cuesta encontrar una razón sólida que explique su existencia.
Ethan Hawke y el espejismo del regreso
El nombre de Ethan Hawke aparece destacado en carteles y tráilers. La expectativa es clara: volver a ver al villano en plenitud. El problema es que su presencia real es mucho más testimonial de lo que se sugiere.
Más recurso que cuerpo. Más máscara que actor. Para quien entra esperando un duelo interpretativo potente, la decepción es considerable.
Del perturbado al ente sobrenatural
Uno de los mayores errores es transformar al villano humano, incómodo y creíble, en una especie de entidad sobrenatural con capacidades casi ilimitadas. El cambio rompe la coherencia interna de la primera película.
Lo que antes era inquietante ahora resulta derivativo, como una versión descafeinada de otros clásicos del terror. Se pierde personalidad y se gana artificio.
Un metraje que pesa demasiado
Con más de cien minutos de duración, el ritmo se resiente. La historia se estira sin aportar capas nuevas. Las escenas se repiten en tono y estructura, y la tensión no termina de sostenerse.
No asusta, no emociona y no amplía de manera interesante el universo original. Se limita a existir.
El síntoma de un problema mayor
Black Phone 2 no es un caso aislado. Forma parte de una tendencia cada vez más evidente: explotar franquicias hasta agotarlas. Cuando el foco está en la marca y no en el guion, el resultado suele ser plano.
El espectador paga entradas cada vez más caras esperando experiencias a la altura. Si lo que recibe son secuelas estiradas, el desgaste es inevitable.
¿Merece la pena?
Si te fascinó la primera entrega, quizá la curiosidad pueda más que la prudencia. Pero si valoras tu tiempo, conviene ajustar expectativas. Lo más probable es que salgas con la sensación de haber visto algo que no aportaba nada esencial.
No toda historia necesita segunda parte. Y esta es un ejemplo claro de ello.
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