Bitelchus Bitelchus: una secuela tardía entre la nostalgia y la falta de riesgo
Puedes llamarla Bitelchús Bitelchús, Beetlejuice 2 o como prefieras, pero lo que está claro es que esta película nace con un problema de base: su propio planteamiento. Desde la confusión con el nombre hasta la pregunta clave que la rodea desde su anuncio —¿es una secuela real o una nueva reinterpretación?—, todo en ella parece construido sobre terreno resbaladizo.
Han pasado más de 35 años desde la película original de 1988, y eso no es un detalle menor. El paso del tiempo juega aquí un papel fundamental, tanto a favor como en contra, y condiciona inevitablemente la forma en la que se percibe esta nueva entrega.
El regreso de Michael Keaton como Beetlejuice
Uno de los grandes reclamos de la película es el regreso de Michael Keaton como Beetlejuice. Sin embargo, este regreso viene acompañado de una condición muy concreta: su tiempo en pantalla debía ser igual o incluso menor que en la película original, donde el personaje apenas aparecía durante unos 17 minutos.
Este dato resulta más interesante de lo que parece, porque coloca a Beetlejuice en esa curiosa categoría de personajes icónicos que dominan una película sin estar realmente presentes. Casos similares los encontramos en el tiburón de Jaws, Anthony Hopkins en The Silence of the Lambs o Tom Hardy en Mad Max: Fury Road. No se trata de cantidad, sino de impacto.
La duda es si en esta ocasión ese impacto sigue funcionando igual o si se apoya demasiado en la nostalgia.
¿Una secuela realmente necesaria?
Aquí entro en terreno personal. Siempre he sido bastante crítico con la falta de ideas originales en el cine actual, y Beetlejuice Beetlejuice es un buen ejemplo de ello. Sacar una secuela más de tres décadas después de la original me parece, como mínimo, innecesario.
Dicho esto, no se puede negar su éxito. La película ha tenido una acogida muy positiva y ha conectado especialmente bien con una nueva generación de espectadores. Las nuevas tecnologías, el diseño visual y el contexto actual juegan claramente a su favor. He leído opiniones que afirman que esta versión supera a la original, pero para mí esa comparación no tiene mucho sentido.
Comparar una película de 1988 con otra de 2024 es injusto por definición. No solo por los avances técnicos, sino porque el cine, el ritmo y la forma de contar historias han cambiado radicalmente. Aun así, el problema principal no es técnico, sino creativo: el guion no es original y se apoya demasiado en lo que ya funcionó una vez.
Tim Burton: estilo inconfundible, resultados desiguales
Hablar de Beetlejuice es hablar inevitablemente de Tim Burton. Burton es uno de esos directores con un estilo tan marcado que divide al público. Si no conectas con su universo visual y narrativo, es difícil que disfrutes de su cine.
En mi caso, me gusta su estilo, pero ni Beetlejuice ni esta nueva secuela estarían entre mis favoritas. Dentro de su filmografía, hay títulos que me parecen muy superiores y que siguen funcionando mejor con el paso del tiempo.
Películas como Big Fish, Edward Scissorhands o Ed Wood ocupan un lugar mucho más alto en mi ranking personal. Da igual cuántas mejoras tecnológicas traigan las nuevas producciones: el impacto emocional y creativo de esas obras sigue siendo mayor.
El reparto de Beetlejuice Beetlejuice
Otro de los grandes atractivos de la película es su reparto. Michael Keaton y Winona Ryder regresan a sus icónicos papeles, lo que aporta un fuerte componente nostálgico.
A ellos se suma Jenna Ortega, que se ha convertido en un rostro habitual del género tras su éxito en Wednesday. Su presencia busca claramente conectar con un público más joven.
Además, el reparto se completa con nombres tan reconocibles como Monica Bellucci, Willem Dafoe y Danny DeVito, aunque en papeles secundarios que, al menos sobre el papel, no parecen especialmente determinantes.
Curiosidad poco conocida sobre la película
Uno de los aspectos más llamativos del proyecto es que Michael Keaton rechazó durante años volver a interpretar a Beetlejuice. Solo aceptó regresar cuando Tim Burton le garantizó que el personaje no perdería su esencia ni se convertiría en un simple reclamo nostálgico sin peso real dentro de la historia.
¿Iré a verla al cine?
Sinceramente, no. No tengo intención de ir al cine a verla. Aunque el reparto es atractivo, no soy especialmente fan de las secuelas tardías que no aportan un guion realmente original. A eso se suma el precio actual de las entradas, que me hace seleccionar mucho más qué ver en pantalla grande.
Prefiero esperar a que esté disponible en alguna plataforma bajo demanda. No creo que Beetlejuice Beetlejuice alcance el nivel de otras secuelas que sí lograron superar o igualar a sus originales, como Terminator 2: Judgment Day, Toy Story 3, Top Gun: Maverick o The Dark Knight.
¿Es mejor o peor que la original?
- Comparada con Beetlejuice (1988)
La original sigue siendo más fresca, más creativa y más arriesgada para su época. La secuela gana en medios técnicos, pero pierde en espontaneidad y sorpresa. - Dentro del cine de Tim Burton
Está lejos de sus mejores trabajos. Funciona como producto nostálgico y entretenimiento puntual, pero no como una obra imprescindible dentro de su filmografía.
En conjunto, Beetlejuice Beetlejuice es una película que se deja ver, que conecta con nuevas generaciones y que cumple como espectáculo, pero que difícilmente justifica su existencia más allá del recuerdo de lo que fue.
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