Pekín Express finaliza con polémica

La última edición de Pekín Express, producida por Boomerang TV, ha cerrado su recorrido envuelta en una polémica que va más allá del propio programa. Se trata de la primera temporada emitida en HBO Max —séptima en total— y su final ha puesto sobre la mesa un debate que afecta directamente a la relación entre medios, plataformas y espectadores.

Como espectador ocasional de realities, y rompiendo mi norma personal de no consumir televisión convencional, Pekín Express ha sido una excepción. Precisamente por eso, la forma en la que se ha tratado su desenlace en redes sociales y medios digitales ha resultado especialmente frustrante, hasta el punto de merecer una reflexión más pausada.


Un casting que marca un cambio de rumbo

Uno de los grandes cambios respecto a ediciones anteriores ha sido la elección de los concursantes. Frente al formato clásico basado en participantes anónimos de perfiles muy distintos, esta temporada ha apostado por parejas con cierta trayectoria mediática o reconocimiento público.

Entre ellas se encontraban actores, presentadores, deportistas e influencers, muchos de ellos acompañados por familiares o personas de su entorno cercano. Este giro no es menor: modifica la dinámica del programa, la percepción del espectador y, en cierto modo, la manera en la que se vive la competición.

Para ilustrar el problema que se desarrollaría después, incluso podría hablarse de una pareja ficticia —Juan y Pepe— que no existe como tal, pero que sirve para entender el alcance del siguiente punto.


Titulares que arruinan la experiencia

Gran parte de la polémica no nace del contenido del programa, sino de cómo se ha comunicado su desenlace. Redes sociales y medios digitales han publicado titulares y contenidos que revelaban el resultado final antes de que muchos espectadores pudieran ver el episodio.

Algunos ejemplos reales ayudan a entender la magnitud del problema: titulares que anunciaban directamente a los ganadores horas antes de la emisión o imágenes destacadas que, sin necesidad de texto, dejaban claro el desenlace. En otros casos, incluso cuando el titular parecía neutro, la fotografía cumplía la función de spoiler de forma inmediata.

Este tipo de prácticas no solo eliminan la sorpresa, sino que condicionan la experiencia de quienes consumen el contenido bajo demanda, precisamente uno de los grandes valores que aportan las plataformas de streaming.


¿Es legal publicar spoilers?

Desde un punto de vista estrictamente legal, no existe una normativa que impida a los medios publicar este tipo de información. La responsabilidad recae, por tanto, en una cuestión ética y editorial.

Durante años se ha apelado a la autorregulación y al respeto por el espectador, pero casos como este evidencian que el clic rápido y el impacto inmediato suelen imponerse a cualquier consideración sobre la experiencia del público. El resultado es un ecosistema mediático que, en muchas ocasiones, termina perjudicando al propio contenido que dice cubrir.


Lo que debería ser una práctica responsable

La redacción de titulares y la selección de imágenes no son procesos neutros. Evitar revelar información clave y cuidar el enfoque visual no limita la libertad informativa, sino que demuestra respeto por el espectador.

Las plataformas bajo demanda han cambiado la forma de consumir televisión, permitiendo que cada persona marque su propio ritmo. Forzar indirectamente al espectador a ver un programa en directo para evitar spoilers contradice por completo esa filosofía y penaliza a quienes no pueden adaptarse a horarios rígidos.


El enemigo también está en casa

La responsabilidad no recae únicamente en los medios. Las propias plataformas de streaming contribuyen en ocasiones a este problema mediante miniaturas o imágenes promocionales que revelan situaciones clave de episodios posteriores.

No es extraño encontrar avances visuales que muestran a personajes en contextos que desactivan cualquier suspense previo. Este tipo de decisiones, aparentemente menores, afectan de forma directa a la experiencia y deberían revisarse si el objetivo es fidelizar al espectador.


Una reflexión personal como espectador

Pekín Express sigue siendo un formato pensado para disfrutar en familia. En mi caso, ha servido para compartir tiempo con mis hijos y acercarles a otras culturas y formas de vida. Precisamente por eso resulta especialmente decepcionante que factores externos al programa acaben empañando esa experiencia.

Echo de menos, además, el espíritu de las primeras ediciones, con concursantes anónimos cuya espontaneidad aportaba una naturalidad difícil de replicar con perfiles ya conocidos. El formato sigue teniendo potencial, pero necesita que tanto medios como plataformas aprendan a cuidar algo tan básico como el respeto al espectador.


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