Mi amiga Eva vs Romería: comparativa Goya 2025

Mi amiga Eva vs Romería: dos nominadas al Goya que no terminan de emocionar

Mi amiga Eva vs Romería: dos nominadas al Goya que no terminan de emocionar

La temporada de premios siempre invita a descubrir películas que, sobre el papel, deberían marcar el pulso del cine del año. En esta ocasión, dos de las candidatas a los Premios Goya han sido Mi amiga Eva y Romería. Dos propuestas españolas, del mismo año, con valoraciones similares y una identidad muy marcada.

Sin embargo, pese a sus virtudes evidentes, ambas comparten algo que, en mi caso, ha pesado más de la cuenta: un ritmo pausado que no ha terminado de atraparme.


Vista Rápida

Títulos: Mi amiga Eva / Romería

Año: 2025

Idioma: Español y catalán

Estilo: Drama intimista

Ritmo: Lento, cocción a fuego lento

Sensación personal: Interesantes en planteamiento, pesadas en conjunto


Dos películas, un mismo tempo

Tanto Mi amiga Eva como Romería se construyen desde la calma. Son películas que no buscan el impacto inmediato, sino que desarrollan sus conflictos con paciencia, dejando que los personajes respiren y que las emociones se asienten poco a poco.

El problema es que ese tipo de cine exige una conexión muy concreta con el tema. Cuando esa conexión no se produce, el metraje puede hacerse cuesta arriba. Y eso es exactamente lo que me ha ocurrido con ambas.

No hablamos de malas películas. De hecho, a nivel interpretativo y estructural están bien construidas. Pero el conjunto, la experiencia global, no me ha resultado estimulante.


Mi amiga Eva: identificación generacional

Si tengo que inclinar ligeramente la balanza, Mi amiga Eva sale mejor parada. Quizá porque su planteamiento —una mujer de 50 años que decide reinventarse, volver a enamorarse y recuperar sensaciones que creía perdidas— conecta más directamente con una franja de edad concreta.

Es una historia sobre segundas oportunidades, sobre la sensación de estar viviendo en piloto automático y la necesidad de romper con esa inercia. Está bien interpretada, con un reparto más reconocible y potente que el de Romería, y su conflicto es universal.

El guion está bien tirado, las emociones están trabajadas y la evolución del personaje principal es coherente. Pero nuevamente, el ritmo vuelve a ser el gran condicionante.


Romería: más contenida, más distante

Romería, por su parte, apuesta por un enfoque más contenido, incluso más minimalista. Su reparto puede resultar menos mediático, pero mantiene un tono interpretativo sólido.

Es una película que exige paciencia. No busca agradar, ni acelerar, ni subrayar en exceso. Todo sucede desde una cierta contención emocional. Y ahí es donde puede ganar o perder al espectador.

En mi caso, la experiencia fue aún más fría que con Mi amiga Eva. No por falta de calidad, sino por falta de conexión.


El tema del idioma y la experiencia en plataforma

Ambas películas comparten también el uso del catalán en buena parte de sus diálogos. Algo totalmente natural dentro de la producción nacional actual. El problema no es el idioma, sino la experiencia de visionado en Movistar Plus+.

La plataforma incluye subtítulos forzados en los tramos en catalán. Incluso siendo catalanohablante, no existe opción clara de eliminarlos. Puede parecer un detalle menor, pero leer subtítulos de forma obligatoria desconcentra, rompe la inmersión y afecta al ritmo interno de la experiencia.

Si ya hablamos de películas de tempo pausado, cualquier elemento que distraiga juega en contra.


Movistar y el dominio del cine nacional

Ahora bien, si algo hay que reconocer es el músculo que está demostrando Movistar Plus+ en cuanto a cine español. Prácticamente todas las películas nominadas a los Goya están disponibles en su catálogo, incluida la que apunta a favorita, Te veré los domingos, programada estratégicamente justo antes de la gala.

Es cierto que hablamos de una de las plataformas más caras del mercado. Su paquete completo puede superar ampliamente los 150 euros mensuales sin promociones. Pero cuando se consigue una oferta potente, el acceso al catálogo nacional es difícil de igualar.

Y eso, en un año donde el cine español busca reafirmarse, es un punto a favor.


¿Están justificadas sus nominaciones?

Sin haber revisado todavía todas las candidatas, la sensación personal es de cierta frialdad con lo que estoy viendo este año en los Goya. No porque sean propuestas fallidas, sino porque no terminan de generar entusiasmo.

Quizá la clave esté en que este tipo de cine intimista necesita un estado de ánimo concreto. O quizá simplemente no es el tipo de narrativa que más me estimula.

En cualquier caso, Mi amiga Eva y Romería representan una línea muy clara del cine español actual: historias pequeñas, personales, cocinadas a fuego lento. Una apuesta legítima, coherente… pero no siempre apasionante.

Y a veces, entre la calidad y el disfrute, hay una distancia que no todas las películas consiguen salvar.


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