Boiling Point (Serie): una continuación innecesaria que se queda a medias
He terminado Boiling Point —serie o miniserie, porque solo consta de cuatro episodios— y la sensación general es clara: no me ha convencido. No por un único motivo, sino por una suma de decisiones que hacen que el resultado final se quede muy lejos de lo que prometía.
Lo más frustrante es que el inicio es muy bueno. Los dos primeros episodios funcionan tan bien que me llevaron a volver a ver la película original de 2021, que apenas recordaba. Sin embargo, al completar la serie, la impresión final es de decepción. No porque el producto sea fallido, sino porque no aprovecha el potencial que tiene entre manos.
Dos etapas muy diferenciadas
Para mí, Boiling Point se divide claramente en dos bloques.
El primero, que engloba los dos episodios iniciales, mantiene un ritmo frenético. El estrés se palpa, la tensión es constante y el caos del entorno se contagia al espectador. Todo fluye con naturalidad y recuerda por momentos a lo mejor de la película.
La segunda mitad cambia radicalmente el tono. La serie se vuelve más pausada, menos caótica y sorprendentemente más cómoda. Y aquí empieza el verdadero problema. Esta bajada de intensidad no solo rompe el ritmo, sino que diluye la esencia que hacía especial la propuesta original.
A esto se suma una decepción personal importante: Stephen Graham. Para mí, es uno de los grandes actores actuales y la cara más reconocible del proyecto. Sin embargo, su presencia en la serie es escasa. Demasiado. Esa ausencia pesa y deja una clara sensación de oportunidad desperdiciada.
Serie y película: misma nota, sensaciones opuestas
Durante un tiempo, tanto la película como la serie compartieron una valoración media muy similar. Una paradoja llamativa, porque la película me parece mucho más completa, más arriesgada y más memorable que la serie.
En mi caso, no hay duda: prefiero la película. No solo por su impacto narrativo, sino por su planteamiento técnico. Estar noventa minutos rodados en una sola toma, sin cortes ni respiro, es una apuesta extremadamente compleja y poco habitual. Eso sí era una propuesta diferente. La serie, en cambio, es un producto continuista que retoma la historia meses después sin aportar una evolución realmente significativa.
Boiling Point y el auge de las series culinarias
La coincidencia temporal entre Boiling Point y The Bear no le ha hecho ningún favor. La comparación era inevitable y sigue siéndolo.
A nivel de impacto, The Bear ha arrasado. No solo por calidad, sino también por algo tan básico como la plataforma: Disney frente a Movistar Plus+, que continúa siendo un servicio mucho más limitado en número de usuarios. Esa diferencia de alcance influye directamente en la percepción y la conversación alrededor de ambas series.
¿The Bear o Boiling Point?
Aquí tengo sentimientos encontrados. Boiling Point es el formato original, el germen de todo. The Bear, en cambio, ha sabido crecer, evolucionar y mantenerse sólida a lo largo de varias temporadas.
A nivel actoral, me quedo con The Bear, que cuenta con un reparto coral muy potente. Pero Boiling Point tiene a Stephen Graham, que para mí está por encima de casi todos. Aun así, teniendo en cuenta mi decepción con el desarrollo de la serie, la balanza se inclina claramente hacia The Bear.
La percepción equivocada del público
Para una gran parte del público, Boiling Point es vista como la “versión británica” de The Bear. Y es justo al revés. La película llegó en 2021; The Bear se estrenó en 2022. Los datos son claros, aunque la percepción general sea difícil de corregir.
Eso sí, tampoco es descabellado pensar que la serie se haya desarrollado aprovechando el enorme éxito de The Bear. Probablemente, sin ese fenómeno previo, Boiling Point no habría dado el salto a formato serie. Y aun así, su impacto ha sido menor del que podría haber tenido por la plataforma en la que se emite.
Otras obras destacadas de Stephen Graham
Para quien llegue a la serie atraído por su protagonista, conviene recordar algunos de los trabajos más relevantes de Stephen Graham:
- This Is England – El papel que lo consagró y uno de los personajes más incómodos del cine británico reciente.
- Peaky Blinders – Donde demuestra su capacidad para imponerse incluso en repartos muy potentes.
- Boiling Point – La versión más intensa, arriesgada y completa de esta historia.
Curiosidad poco conocida sobre Boiling Point
Aunque la serie no está rodada en plano secuencia real, cada episodio fue ensayado durante semanas para minimizar cortes visibles y mantener una sensación constante de continuidad. El objetivo era replicar la tensión casi teatral de la película, aunque el resultado final no siempre logra el mismo nivel de agobio ni inmersión.
Una serie que no era necesaria
El mayor problema de Boiling Point es que no era necesaria. La película ya cerraba su propuesta de forma efectiva. La serie no amplía el universo de manera relevante ni aporta información clave que justifique su existencia.
El hecho de que Andy no muera —sí, es un spoiler, pero la serie gira en torno a él desde el primer momento— no cambia nada sustancial. El desarrollo no compensa y deja la sensación de que todo podría haberse contado de otra forma… o no haberse contado.
¿Vale la pena verla?
Sí, pero con muchos matices. Boiling Point son solo cuatro episodios y se ven rápido. El principal inconveniente es la plataforma que la emite y, sobre todo, la expectativa de ver a Stephen Graham como eje central.
Como continuación, es correcta. Como serie independiente, se queda corta. En su estructura —introducción, desarrollo y cierre— hay algo que no termina de encajar. A nivel personal, esperaba bastante más.
¿Es mejor o peor que otras series culinarias?
- Comparada con The Bear
Boiling Point es claramente inferior como serie. Tiene menos ambición narrativa, peor ritmo global y una evolución mucho más irregular. The Bear crece temporada a temporada; Boiling Point se diluye conforme avanza. - Comparada con la película Boiling Point
La serie sale perdiendo. La película era más tensa, más arriesgada y mucho más memorable. El formato episódico no aporta nada realmente nuevo y diluye el impacto original.
En conjunto, Boiling Point funciona como un apéndice curioso, no como una obra necesaria. Interesante por contexto, prescindible como serie.
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